miércoles, 29 de marzo de 2017

Un Consejo de un Santo sobre el Discernimiento





Alguna vez, una hija espiritual de San Padre Pio le hizo una pregunta acerca del discernimiento de espíritus.  El santo le contestó por medio de una carta el 25 de abril 1914 lo siguiente:



Me dices que no puedes distinguir si los rayos de luz que aparecen a veces en la profundidad de tu alma vienen de Dios o de otros y que tienes miedo a estar decepcionada en todo a causa de tu egoísmo sutil.

He aquí pues, las señales por las cuales puedes saber si estos rayos de luz vienen del Padre de toda luz. Estas señales puedan ser reducidas a tres.

La primera es que estas luces producen un conocimiento de Dios aun más
admirable, él que mientras revelándose a nosotros, nos da un conocimiento más y más profunda de su grandeza incomprensible. En fin, esta luz nos conduce a amar a Dios nuestro Padre más y más y a aumentar los sacrificios que hacemos por su honor y gloria.

La segunda señal es un entendimiento más comprensivo de nosotros mismos, y una humildad al pensar que tales criaturas despreciadas puedan tener la
audacia a ofenderlo y todavía mirarlo y tenderse hacia Él. La tercera señal
es que estos rayos celestiales producen en el alma un desprecio creciente de todo lo que pertenece a esta tierra, con la excepción de aquellas cosas que puedan ser útiles por el siervo de Dios
 
Ahora bien, si tales rayos de luz producen estos tres efectos en tu alma, acéptalos como provenientes de Dios. Ni el Enemigo, mucho menos nuestra propia imaginación puede producir estos efectos en el alma.




domingo, 5 de febrero de 2017

Hombres jóvenes siguen a Jesús en la Vida Consagrada

1                                ¡He aquí los nuevos postulantes!

Estos días celebramos muchas bendiciones del Señor.
El jueves fue la fiesta de la Presentación del niño Jesús en el Templo, y el día mundial de la vida consagrada.  En este misterio meditamos como el Señor Jesucristo fue consagrado por la ofrenda de María y José en Jerusalén.  También recordamos las palabras de Simeón, que Jesús iba a ser un signo de contradicción en el mundo.  San Juan Pablo II dijo que ese signo de contradicción está escrito en los votos de los religiosos.
El mismo día, tuvimos la alegría de recibir 3 nuevo postulantes en nuestra comunidad.  

                                              

    Cristian es de La Libertad,
      Honduras    

                                   Allam es de 
                         Matagalpa,  Nicaragua



   

     Y  Nelson es de Matagalpa, Nicaragua también.

    

       Es un nuevo comienzo para ellos y para nosotros frailes en Comayagua.

La palabra “postulante” viene de la palabra Latina “postulare”, que quiere decir “preguntar.”  El postulado es un tiempo para hacer muchas preguntas, grandes y pequeños, como “ ¿Que es tu voluntad para mí, Señor?” o ¿Cómo puedo remover esta mancha en mi uniforme?”    Cada uno de los postulantes recibió una cruz para llevar sobre la camisa azul, porque encontramos la respuesta de las preguntas más importantes en la cruz del Señor.

El próximo día (viernes), nos hicimos peregrinos para caminar a la ermita de Nuestra Señora de Suyapa, al otro lado de Comayagua para ofrecer el postulantado a ella.  Celebramos la santa misa con la gente pobre en ese barrio.  “La Morenita” de Honduras es evidencia de la humildad de Dios que derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes.  Creo que en los ojos de Dios este país de Honduras es muy querido por vivir en mucha fe y humildad y todavía la protección de cada vida humana en el seno de la madre.

Favor de recordar nuestros nuevos postulantes en sus oraciones.

Que el Señor le dé la paz.



P. Ricardo,  CFR, y los frailes en Comayagua.




lunes, 30 de enero de 2017

En el jardín de Dios hay muchas flores (Parte 11)




(Discerniendo una Vocación– Parte 11)

Cada comunidad religiosa posee un carisma único.  Es el don del Espíritu Santo, dado a y por el fundador, que hace de la comunidad algo especial y diferente, le da su identidad específica y señala una manera única de seguir a Jesús y vivir el Evangelio.  Hay familias espirituales distintas de religiosos que demuestran distintos carismas, características y espiritualidades.  Por ejemplo hay la familia monástica benedictina de San Benito y Santa Scolástica que destaca “oración y trabajo,” la liturgia y separación del mundo.  Hay la familia dominicana de Santo Domingo, Santo Tomás de Aquino y Santa Catalina de Siena que subraya el estudio y la contemplación y la predicación de “la Verdad.”  Hay la familia jesuita de San Ignacio de Loyola que obra para “el mayor honor y gloria de Dios” y destaca la obediencia absoluta.  Hay la familia carmelita de San Juan de la Cruz, Santa Teresa de Ávila y Santa Teresita de Lisieux que se dedica a la oración contemplativa y la austeridad.  Hay la familia de caridad de San Vicente de Paúl y Santa Teresa de Calcutta que sirve y descubre la presencia especial de Jesús entre los más pobres.  Hay la familia de maestros escolares de San Juan Don Bosco, Santa Ángela Merici, de los Hermanos Maristas y Cristianos y otros que se dedica a la educación y formación cristiana de jóvenes.  Y por fin, hay la familia franciscana de San Francisco y Santa Clara que se esfuerza vivir el Evangelio sencillamente en pobreza, humildad, fraternidad y menoridad.  Si uno está discerniendo una llamada a la vida religiosa, vale la pena examinar su corazón para hacer más claro hacia exactamente qué tipo de vida se siente atraído: activa o contemplativa; a qué tipo de apostolado; a qué estilo de vida; a qué tipo de espiritualidad.  Con estas preguntas así un joven puede comprobar y comparar la llamada que el Señor ha puesto en su corazón con la vida  de comunidades religiosas.

El proceso de discernimiento es un proceso de descubrirme a mí mismo, a mi identidad verdadera, a quien soy yo en Cristo, a quien soy llamado a ser.  Se puede ver este proceso en la vida del Apóstol Simón en el evangelio.  En el momento dramático en lo cual pudo, por una revelación especial del Padre, decir que Jesús era “el Mesías, el Hijo de Dios vivo,” en este mismo momento Jesús pudo revelar a Simón su nueva y verdadera identidad y su vocación mediante un nombre nuevo: “Pedro,” la piedra sobre la cual Jesús edificaría su Iglesia (Mt 16, 13-20).  Lo mismo con San Pablo.  Cuando encontró a Jesús, en aquella visión deslumbrante, encontró a sí mismo, y se llamó por otro nombre: “Pablo,” apóstol a los gentiles, maestro de las naciones (véase Hech 9, 1-19. 22, 1-21. 26, 4-18; Gál 1, 15-16).  Es un proceso de quitarnos del “hombre viejo” y ponernos el “hombre nuevo” en Cristo (Efe 4, 22-24; Col 3, 9-10).

P. Heraldo José Brock, C.F.R.